¿Qué hago?
La melodía de la secadora sonó hace más de media hora. Apenas oí los beeps, corrí a sacar la ropa, es que quiero ir a dormir.
Separé la ropa por grupos, confirmé que estuviera seca y que oliera bien. Entonces algo pasó: noté que mi población de calcetines huachos aumentó 24,11%.
Ya no sé qué hacer con ellos. Son tantos que pensé darles un cajón propio, un hogar transitorio donde descansen hasta que pierda la esperanza y terminen en la basura. También pensé crear una fundación dedicada al cuidado y la reutilización del calcetín huacho, pero que paja. Es difícil saber qué hacer.
Quizá al final se trata de esto: aprender a vivir con lo que falta y con lo que sobra. A veces la vida es un cajón de calcetines huachos: mitades que esperan y en lo inmediato además de estorbar ilusionan con encontrar al par que falta. Por ahora los guardo. Tal vez en la próxima lavada se reencuentren o me de la hueá y los tire a la basura. Y si no, que al menos me recuerden que siempre puedo inventarme problemas nuevos.

Al carajo la cosa de Telegram, nadie usa esa huevada y no necesito respaldar esto. Besos.
